Os aseguro que no soy tan mala con las artes gráficas, pero esta postal tan austera sólo pretende que os imaginéis la postal que más os guste... tras la saturación de postales, imágenes de aldeas nevadas, papeles de regalo y adornos y belenes.
Siete y media de la mañana. Día de invierno. Olga sale de casa escopeteada. "¡Adiós tesoro! ¡Me voy!". Un gruñido suena al fondo del pasillo para despedirse. Hay cola para el ascensor así que baja los cuatro pisos de escaleras a pie, corriendo y con tacones de aguja. Superada la prueba, ha de enfrentarse al resbaladizo suelo del garaje. Sube al coche, arranca y sale al oscuro y frío día. Normalmente no pilla los semáforos en rojo, pero hoy todos. Último semáforo, ya casi ha llegado. Cuando se pone en verde se le cuela una excavadora con una señal de 40 Km hora delante. "¡Mierda!". Por suerte el conductor es civilizado y quiere darle paso, echándose a un lado de la carretera y cediendo parte del carril. Ella hace un par de amagos pero los coches que vienen de frente no dejan espacio. Empieza a impacientarse. Por fin surge una oportunidad, aunque ha de invadir el otro carril y pisar línea contínua. "¡Bien!". Al rebasar a la excavadora un coche que viene de frente le hace señales con las luces largas. "¿Eh? ¿Cómo?". Antes de que pueda preguntarse qué, la explicación está en frente de sus narices: un control de la Guardia Civil de Tráfico. "Me cago en la puta". Se pone nerviosa y se le escapa una apestosa flatulencia. Un guardia de unos cuarenta años le indica que pare a un lado. Olga obedece, con cara de espanto. Otro guardia, más joven, de unos treinta años, mira a Olga y la nota nerviosa. Se acerca al coche. Mientras tanto el otro guardia da golpecitos a la ventanilla de Olga para que la baje. Ella obedece, dejando salir el tufillo de su pedo de terror.
Óscar se despierta y se da una ducha. Se afeita y se echa aftershave. "Joder, qué guapo estoy", se dice. Aprieta la barriga delante del espejo y pone caras de foto. Luego se pasa el pulgar por los labios, como el tío del anuncio de Martini. Coge sus trastos, un zumo y se va a la universidad.
No hay expresión en castellano, pero vendría a traducirse por "Día de pelo despeinado". Sólo alguien con el pelo rizado natural sabe lo que es un "bad hair day". Todo el mundo tiene sus días y días: días de regla, días de mala cara, días de mal sueño, un simple "mal día", pero los "bad hair days" son exclusivos de los que nacemos con pelo rizado.
do que será uno de esos días - "hoy llueve". Tras la batalla matutina de champús contra encrespamiento, macarillas hidratantes, espumas avivadoras de rizos, serums milagrosos, sales a la calle más o menos peinada. Vaya, no llueve. Todavía... pero lloverá. Lo sé. Algo más tarde, da igual cuándo, empieza a llover. Sonríes con satisfacción: lo sabía, no falla.
Llevo unos días dándole vueltas al asunto de la suerte. ¿Hay algo de fortuito en esta vida? Si no lo hay, ¿qué quiere decir? ¿Estamos ya predestinados a lo que nos ocurra?
Es una canción muy sencilla a primera vista, pero con el paso de los años ha adquirido para mí otro significado e importancia. Publicada en su primer LP "Definately Maybe" (Definitivamente Quizás) en 1994, se convirtió en uno de los himnos más cantados de la época. Es un canto a la inmortalidad, motivación que desde antes de los griegos empuja a artistas a hacer sus obras. ¿Qué mejor camino a la inmortalidad que dejar la huella de tu obra?el clip de la canción con un curioso final propio de Edgar Allan Poe... http://www.youtube.com/watch?v=_9GiLnZyUgM